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20 Feb 2013

La importancia del juego

El juego es una actividad imprescindible para el desarrollo y formación de los niños y niñas. La calidad y cantidad de horas de juego del niño/a se derivará en conocimientos, aptitudes y habilidades necesarias para la vida. El juego desestructurado, el que ellos/as crean, es muy beneficioso. Se enfrentan a conflictos y aprenden a resolverlos. Supone un trabajo en grupo, motivación, negociación, liderazgo,… Es un parte importante para el desarrollo de la inteligencia; desarrollan habilidades sociales, estimulan el pensamiento creativo y la imaginación. Además posee una gran capacidad de relajación.

Los niñas/as juegan todo el tiempo: cuando comen, cuando caminan por la calle, cuando observan a los demás, cuando les decimos que tienen que ir a dormir, cuando nos llaman, cuando lloran y cuando estamos distraídos. Juegan a cada instante en medio de la interacción con la realidad. Jugar es la manera más directa de relacionarnos con los niños/as. Al jugar con ellos y ellas nos adentramos durante un rato en su mundo, además se favorece la creación de un vínculo afectivo sólido que se traduce en la base de confianza y seguridad que los niños/as necesitan.

Desde que nacemos debemos aprender muchas cosas hasta que nos convertimos en adultos, y lo aprendemos a través de la actividad lúdica. Nos desarrollamos a través del juego, por eso nuestros juegos cambian a medida que crecemos. Los bebés necesitan jugar desde los primeros meses de vida y lo hacemos de acuerdo a nuestras posibilidades. Jugando descubren sus píes y manos, los mueven, patalean, balbucean, imitan los primeros sonidos y coordinan nuestros movimientos. Con el tiempo perfeccionamos estas actividades hasta poder tirar cosas, jugar al balón, hablar, pintar y escribir.

A través del juego se expresan, se divierten, ensayan y experimentan determinadas situaciones sin riesgo alguno. Todo ello, además de favorecer el crecimiento de sus capacidades sensoriales y físicas, favorece su desarrollo cognitivo:

  • Con los juegos de movimiento, o sea cuando corren, saltan, caminan; aprenden nociones de velocidad, peso, gravedad, dirección y equilibrio. Por ejemplo; al saltar se empiezan a dar cuenta de que para saltar más alto tienen que coger más impulso. Además estos juegos no sólo los estimulan sino que los ayudan a ejercitar nuestra coordinación corporal sin dolor. El juego del movimiento frecuente lo inician los adultos cuando siendo bebés sus suben por lo alto, nos mecen,…, siendo una de sus primeras experiencias sociales que compartiremos con sus iguales aproximadamente a los 3 años.
  • Cuando juegan con los objetos empiezan a  ver su utilidad, sus cualidades, propiedades comunes, y las leyes físicas que les gobiernan. Obtienen mucha información por medio de sus sentidos y, ésta les ayuda a formar conocimientos. Sus juegos con los objetos van cambiando a medida que crecen, a los 4 años empiezan a jugar con intencionalidad: construyen, manipulan, rompen juguetes para ver qué ocurre, modelan y dibujan.
  • Al empezar a jugar con otros practican los conceptos, roles sociales y las reglas y costumbres de nuestra cultura: es un medio de adaptación social. En la etapa preoperacional (a los 2 años) su egocentrismo es muy evidente sobre todo cuando se acercan a otro niño o niña no para jugar con él sino para quitarle el juguete u objeto que tiene. Pueden dar, incluso, la sensación que están jugando juntos pero el caso es que cada uno  va a lo suyo, no hay interacción.
  • A los 4 años, en cambio, tienen algunas nociones de lo que es la perspectiva del otro, así pueden explicar con sus palabras los sentimientos que tiene un amigo que se ha enfadado o que ha perdido su juguete favorito. Los que están a punto de superar esta etapa comienzan a manejar conocimientos sociales a través del juego dramático: imitando, fingiendo o representando papeles, con ello comienzan a mejorar su representación simbólica además de tener la oportunidad de proyectarse en otras personalidades, meterse en otros papeles y tener la posibilidad de experimentar y vivir multitud de pensamientos y sentimientos.
    En este sentido, las situaciones ficticias que crean son, para ellos y ellas tan reales como las que ven en el mundo de los adultos y con ellas aprenden a experimentar las consecuencias y vivencias de este mundo, jugando a papas y mamas, a bomberos, a casitas, etc. Comienzan a desarrollar los juegos de roles e imitación a partir de los 2 años haciéndose más significativos cuando alcanzan los 4 y siendo realmente colectivos a partir de los 7-8 años.
  • A partir de los 7 años y hasta los 12, pasan al estadio que Piaget llama de operaciones concretas. Con ello desaparece su egocentrismo y sus operaciones mentales son irreversibles. Es en esta etapa en la que aparece el juego reglado, o sea, cuando juegan, se someten a reglas o normas. Antes de esta edad, las reglas son para ellos y ellas sagradas pero a partir de este momento empiezan a darse cuenta de que las reglas son el resultado de un acuerdo entre iguales. No obstante existen diferencias dentro de este periodo de edad ya que a los 7-8 años necesitan reglas claras mientras que a partir de los 10 años dan preferencia a los juegos en los que las reglas son orientaciones y dejan lugar a la iniciativa de los jugadores. En esta etapa compiten y cooperan en el juego pero que aparezca más componente de competitivo o cooperativo va a ser resultado del trabajo que los padres y madres hagan en sus intervenciones.
  • A partir de los 12 años entran en lo que Piaget denomina periodo de las Operaciones Formales, a partir de esta edad sus grupos cambian pasando a ser mixtos y, sus juegos se hacen más complejos y con características diferentes a la etapa anterior ya que se les  debe a ayudar a asimilar los grandes cambios a los que nos enfrentamos: la amistad, la curiosidad por todo lo que les ocurre, el aspecto investigador, la aventura y las reglas secretas impregnan el carácter de los mismos.

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