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26 Mar 2013

Beneficios psicológicos de la Lactancia Materna

La lactancia materna permite tener al niño en contacto físico estrecho, lo que según algunos estudios favorece en el futuro la independencia del niño al incrementarse su autoestima. Los niños que son amamantados desarrollan mejor la confianza básica que se da durante el primer año de vida, y que influirá en su forma de relacionarse con los demás en su vida adulta. Este llamado vínculo afectivo se crea los primeros años de vida y son esenciales en la construcción de nuestra identidad y nuestro equilibrio emocional.

Aunque el niño o la niña al nacer dependa totalmente de sus cuidadores, a medida que crecen y se hacen más autónomos siguen necesitando su afecto y apoyo incondicional. La imagen que vamos construyendo de nosotros mismos es el reflejo de lo que nuestros seres más queridos nos devuelven y condiciona las relaciones que tenemos con los demás, nuestra autoestima y la forma de afrontar los problemas. Un vínculo afectivo sano con tu hijo o hija garantizará relaciones futuras de confianza, procurará en el niño o niña mayor seguridad en sí mismo y servirá de “salvavidas” cuando surjan los conflictos.

Permite que el niño o la niña desde pequeño desarrolle esquemas mentales en los que asocie a sus padres con sentimientos de seguridad, afecto y tranquilidad,
percibiendo así el mundo como un entorno amable y poco amenazante. Esto va absolutamente en contra de la idea muy extendida en España de que a los niños
pequeños no hay que cogerlos en brazos “porque se acostumbran mal”. Los niños en el regazo de la madre o en brazos del padre se sienten seguros y protegidos y eso favorece su desarrollo. Contrariamente a la creencia relativa a que el amamantamiento extendido acentúa la dependencia del niño hacia la
madre, éste realmente influye positivamente en la confianza del niño/a en sí mismo, condición básica para el crecimiento social.

Lactancia materna y desarrollo cognitivo

Se ha hablado también de la relación entre lactancia materna e inteligencia. Guiándonos por los estudios más recientes, encontramos el realizado por J.W Anderson y cols. en 1999 cuyo objetivo fue realizar un metaanálisis de diferencias observadas en el desarrollo cognitivo entre niños alimentados a pecho y niños
alimentados con fórmula. Otros estudios parecían sugerir que las diferencias podrían deberse a otras variables como el status socioeconómico o nivel de educación de la madre. Según la investigación llevada a cabo por estos autores, los resultados dicen que la lactancia materna está significativamente asociada a puntuaciones más altas en el desarrollo cognitivo en comparación con la alimentación artificial, independientemente de los factores asociados. Incluso concluyeron que los bebés prematuros alimentados a pecho se benefician aún más que los bebés de término.

Muchos estudios en la literatura médica y psicológica han examinado la relación entre la lactancia materna y el desarrollo intelectual. Angelsen N y colaboradores concluyeron en 2001 que un mayor tiempo de lactancia materna beneficiaba el desarrollo cognitivo de los bebés. Para este estudio compararon a niños que no habían llegado a los 3 meses de lactancia materna, a los que se quedaron entre los 3 y los 6 y a los que fueron amamantados 6 meses o más. El resultado fue que aquellos que fueron amamantados más tiempo obtenían mejores puntuaciones en los tests cognitivos realizados a los 13 meses y a los 5 años.

La mayoría de estos estudios han comunicado un efecto positivo de la lactancia materna en la evolución cognitiva del niño. Otros estudios no han encontrado ninguna ventaja sobre el desarrollo intelectual. Probablemente los resultados que se aporten derivados del estudio de Kramer sean de gran valor para poder establecer la relación existente entre la lactancia materna y el desarrollo cognitivo del niño o niña.

Lactancia materna y ajuste psicosocial

El estudio realizado por Fergusson y Woodward que se titula “Lactancia materna y ajuste psicosocial” . Se examinó una muestra de 999 casos. Se estudió su ajuste psicosocial entre los 15 y 18 años. Fergusson y colaboradores  mostraron que los niños de 15 a 18 años que habían sido amamantados durante
más tiempo presentaban mejores niveles de apego a sus padres y consideraban a sus madres menos sobreprotectoras, pero que se ocupaban más de su cuidado, si se les comparaba con jóvenes que hubieran sido alimentados con leche de fórmula.

Se encontró que la lactancia materna estaba significativamente asociada con la percepción adolescente de los cuidados maternales. La mayor duración se asoció a niveles mayores de percepción da los cuidados maternales durante la infancia. Las conclusiones obtenidas por estos autores indican que si bien no habría relación entre la lactancia materna y la reducción del riesgo de desórdenes psiquiátricos posteriores, parecería que una lactancia materna más prolongada favorecería relaciones paterno filiales más estrechas. Los chicos amamantados por más tiempo manifestaban tener buenas relaciones con sus padres y percibían a sus madres como atentas a sus necesidades y menos sobreprotectoras comparadas con lo que manifestaban los chicos alimentados a fórmula sobre sus propias madres.

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